Bangkok

Wat Pho (Wat Phra Chettuphon)

Tal y como ya anuncié que podría hacer, me salto las entradas que tenía pensado escribir sobre lo que me quedaba de los balcanes, así como Dinamarca y Noruega. Más adelante intentaré retomarlo.

 

Caótico. Ésa es la mejor palabra que encuentro para describir Bangkok. He estado 6 días en esta ciudad, mi primera ciudad asiática, y me voy con la sensación de que no me gusta nada. Suciedad por todos lados, contaminación, descontrol. Caos.

Un turista normal no le habría dedicado a Bangkok más de 2-3 días. Yo decidí quedarme un poco más para acostumbrarme al modo de hacer asiático y degustar la gastronomía tailandesa (y de otros países que también se encuentran aquí). Así he descubierto que los buenos sitios para comer son los callejeros que tienen mesas para sentarte y servirte agua (nunca me he puesto malo por beber de este agua); que los pasos de cebra y los semáforos están de adorno y que si quieres cruzar la calle tienes que lanzarte directamente para obligar a los coches a parar; que la única norma de tráfico que existe es que no hay normas; que se conduce por la izquierda (bueno, esto debería haberlo sabido antes laughing ); que los coches llevan cinturón atrás pero no tienen dónde engancharlo; que hay templos más o menos bonitos, pero todos son del estilo y terminan cansando; que nunca hay que coger un Tuk-Tuk a menos que no tengas otra opción porque te van a intentar timar o soltarte en alguna mala zona para que les pagues por que te saquen de allí (yo ya estaba advertido de esto); que no existen las oficinas de turismo como las entenderíamos en Europa (bueno, sí que hay, pero son difíciles de encontrar; hay una en el aeropuerto), sino que son todo agencias de turismo que intentan que compres alguno de sus paquetes; que alrededor de las zonas turísticas hay tipos que se hacen los encontradizos contigo (incluso te dicen que son profesores para parecer más desinteresados) diciéndote que hoy es la fiesta de Buda (Big Holiday, Buddha Holiday) que está todo cerrado y que es mejor que cojas un Tuk-Tuk que por 20 bahts (0,5€) te hace un recorrido por los sitios que están abiertos y son gratis (te dicen que es muy barato porque su gobierno quiere impulsar el Tuk-Tuk y les deja la gasolina muy barata; cualquiera con 2 dedos de frente sabrá que le están mintiendo, sobre todo cuando varios personajes diferentes vienen a decirte lo mismo); que si estos tipos no consiguen convencerte de que cojas el Tuk-Tuk, te dicen que debes ir a la oficina de turismo (TAT, Tourism Authority of Thailand) que supuestamente es oficial y con la que evidentemente tienen un acuerdo para llevarse comisión (uno llegó a llamarme estúpido porque no conseguía que picara, confirmándome que me estaba intentando timar laughing ); que no hay forma de saber los horarios y el recorrido que hacen los autobuses; que si el taxi no quiere poner el taxímetro, te bajas; que la familia real es sagrada (nada de pisar una moneda que va rodando, que tiene la cara del rey); que el budismo es una religión muy tolerante, pero en Tailandia (y en la mayoría de los países budistas) no verás monjas o bien existen sólo para servir a los monjes; que mucha gente no tiene ni para ponerse unos zapatos, pero cada vez que van a rezar donan dinero y si sumamos la riqueza que acumulan los miles y miles de templos que hay aquí no me sorprendería que incluso superara a la del Vaticano; que el equivalente de guiri aquí es farang y escucharéis que os llaman así continuamente; que si te para un policía conduciendo, bastan 100 bahts para hacer como que no ha pasado nada (esto se lo vería haciendo a un tipo más adelante); que la limpieza está sobrevalorada.

Os dejo unas fotillos de la ciudad:

Me llevo no obstante un buen recuerdo de Bangkok: el último día acudí a un evento de CouchSurfing para cocinar comida tailandesa donde nos juntamos un montón de gente, fuimos a comprar al mercado local y ayudamos a preparar la cena.



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