El circuito de Thakhek

Mujer bañando niño

Habían sido 3 largas jornadas desde Nong Khiaw bajo la lluvia y expuestos al frío, pero Belén y yo habíamos llegado por fin a Thakhek, la primera gran ciudad al sur de Laos. La ciudad en sí no tiene mucho, pero por los alrededores se pueden visitar varias cuevas y disfrutar del paisaje kárstico. Descansamos debidamente en un hostal a las afueras y al día siguiente alquilamos una moto para hacer parte del circuito de 3 días recomendado.

Había llovido mucho y los caminos estaban muy embarrados. Las motocicletas a la altura de nuestro presupuesto se quedarían enganchadas en las cuestas y el barro podría dañar el mecanismo. Además íbamos justos de tiempo pues mi visado expiraba en 1 semana, así que decidimos que no haríamos el circuito de Thakhek completo sino que un día de exploración por la zona sería suficiente. Por desgracia eso nos obligaba a perdernos una de las atracciones más bonitas, la cueva de Kong Lo (Tham Kong Lo), que se visita en barca puesto que la atraviesa un río.

En una de las cuevas-templo que visitamos, Tham Xang, tuvimos una de esas malas experiencias que había descrito previamente sobre los laosianos. Había allí 4 personas sentadas sin hacer nada más que cobrar la entrada a los pocos turistas que aparecían (bueno, una persona cobraba y otras tres miraban). La entrada incluía la visita a la cueva y la subida a un mirador. Si no se subía al mirador se podía no pagar esa parte (tal y como rezaba en un cartel a la entrada). Nosotros no habíamos subido porque el paso estaba escondido y no lo encontramos así que pedimos que nos devolvieran el dinero. Se pusieron todos como hienas diciendo vete tú a saber qué barbaridades en laosiano y mirándonos con una cara de desprecio que yo lo flipé. Al final unos chavales nos enseñaron el camino de subida, pero eso no quita para que podamos querer el dinero de vuelta si no subimos sin que se comporten como alimañas. No soy nada violento pero os juro que esa gente se merecía una hostia bien dada cada uno. Una cosa es ser pobre y otra cosa es ser gilipollas.

Cuando volvimos al día siguiente el dueño de la tienda de alquiler (Míster Wang) nos contó que el día anterior una chavala (creo recordar que austríaca) había sido atacada por la espalda en una laguna que de hecho nosotros visitamos. Iba sola y un par de adolescentes la golpearon con un palo y le robaron la moto y la mochila. Encontraron a los chavales con todas las cosas de la chica. Una paliza de los policías y 10 años de cárcel. Aquí no se lo piensan dos veces… Míster Wang decía que la gente de Laos no era así, que esos chavales habían estudiado en Tailandia, mala gente. Lo que hay que oír… Qué tendrán que ver las churras con las merinas, digo yo.



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