Haciendo autostop en Laos

Hitchhiking in Laos

Mientras que viajar a dedo en Tailandia resulta asombrosamente sencillo a pesar de las dificultades de comunicación, cuando llega el momento de hacer autostop en Laos la cosa se complica. En Tailandia ver un farang en el arcén es cosa rara y mucha gente para por simple curiosidad o con intención de ayudar porque piensan que tienes algún problema o que te has perdido (¡Qué majetes! smile ). En Laos un farang en el arcén no es raro, es rarísimo y la mayoría de la gente o bien te mira con curiosidad sin saber muy bien qué hacer y no paran porque no saben inglés o bien ante sus ojos te conviertes en un dólar con patas al que pueden sacar pasta sin complicarse mucho la vida; éstos últimos suelen hablar algo de inglés. Efectivamente, muchos de los coches que paran piden dinero por llevarte y, no, no se trata de compartir gasolina, te piden incluso más de lo que cuesta el autobús si lo hubieras cogido desde origen a destino.

Por supuesto hay mucha gente que no es así (más en el sur que en el norte) y gracias a ellos he podido viajar a dedo alrededor de Laos:

  • Un autobús de línea (sí, autobús de los grandes) que se paró mientras yo caminaba sin que lo llamara y me ofreció ir gratis hasta Km 52. En el autobús conocí a Erik, un belga que me volví a encontrar en Vang Vieng y gracias al cual estuve trabajando allí a cambio de alojamiento y comida.
  • Un hombre de negocios con un cochazo que se paró a medio camino entre Km 52 y Vang Vieng porque decía que era su obligación como budista ayudar al que lo necesitaba (esto no se da tan frecuentemente como uno podría imaginar; todas las religiones dicen lo mismo y pocas personas lo ponen en práctica). Tenía intención de abrir un resort en Vang Vieng. La única condición que me puso es que si nos paraba la policía debía decir que era su amigo y que él no me estaba cobrando nada, de otra manera él tendría que pagar dinero a la policía (un soborno, por supuesto) porque sólo los autobuses oficiales pueden hacer eso. Este significativo dato me vino muy bien para defenderme más adelante de un idiota que pretendía cobrarme tras haber aceptado que me llevaba gratis.
  • Una furgoneta/autobús que me llevó a toda pastilla desde las afueras de Luang Prabang hasta Pakmong por las estrechas y accidentadas carreteras de montaña temiendo que mi vida terminara cayendo por uno de aquellos tremendos barrancos si no frenaba a tiempo.
  • Un vietnamita que me ahorró muchas horas de andada por un camino poco transitado para llegar a Muang Ngoy.
  • Tres chavalas laosianas que nos llevaron a Belén y a mí varios kilómetros entre Thakhek y Pakse.
  • En la misma ruta un matrimonio que se tomó la molestia de llamar a su hija para que tradujera y que nos llevó también bastantes kilómetros.
  • Y muchos, muchos camiones, camionetas y pickups que ya casi no puedo recordar.

Sin embargo, me encontré con varios problemas, especialmente en el norte, donde ya había leído previamente que muchos te pedían dinero, así que siempre me aseguraba de que me entendieran bien el hecho de que no llevaba dinero y que no podía pagar. El peor momento fue en la ruta entre Vang Vieng y Luang Prabang. Viajaba con Elena, una autoestopista italiana que conocí en Vang Vieng.

En esta ruta cogimos dos furgonetas-monovolumen (más adelante entendería que este tipo de furgonetas son el transporte local más habitual y se coge en cualquier carretera, “haciendo autoestop” y pagando al llegar al destino, similar a Rumanía). Ambos conductores hablaban algo de inglés, eran Hmong (la misma etnia con la que había disfrutado el Año Nuevo Hmong en Km52). En la primera de ellas le dijimos al conductor que viajábamos sin dinero, que si nos podía llevar. Nos hizo la mitad del trayecto, hasta Phoukhoun, pero al finalizar nos pidió dinero. Le recordé que antes de subirnos le dije que no teníamos dinero y que él aceptó llevarnos, que no podía pagarle. El hombre puso cara rara pero asintió.

A las afueras de Phoukhoun, tras comer baratísimo en un restaurante local, nos cogió una furgoneta del mismo tipo. Esta vez nos aseguramos varias veces de que el conductor y sus dos acompañantes entendían que no teníamos dinero para pagar. Tras mirarse significativamente nos dijeron que sí. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando al llegar a Luang Prabang el conductor, que sólo me hablaba y miraba a mí como si Elena no existiera (no es infrecuente en esta parte del mundo que los hombres, más especialmente los monjes, ni miren a las mujeres si las consideran casadas), nos dijo que si le podíamos ayudar con 130000 kips (unos 14€). Eso era más de lo que costaba el autobús desde Vang Vieng. Por supuesto le dijimos que no, que ellos habían aceptado traernos sin cobrarnos, que ahora no íbamos a pagarles. Se hicieron los sorprendidos, diciendo que no era así, que había sido un malentendido (muy típico, se hacen los locos a ver si cuela con lo del poco inglés, pero entendieron perfectamente). Les dijimos que no y empezamos a caminar hacia el centro. Se montaron en la camioneta, pararon y nos volvieron a llamar:

  • Está bien, está bien, ¿puedes ayudarme con 100000 kips?
  • Ni 100000 ni 20000, si nos hubierais pedido ese dinero antes de cogernos no habríamos subido. Aceptasteis traernos gratis, ahora no vamos a pagar nada.

El tipo contestó algo que no le entendí así que me acerqué a él, de arriba a abajo, y le pedí que repitiera. Los Laosianos son pequeñitos y justo en ese momento en el que yo acerqué mi cara hacia la suya ambos nos dimos cuenta de la diferencia de tamaño que existía entre nosotros, yo era como 2 veces él. Se achantó un poco y finalmente dijo que si no le pagábamos iríamos a la policía a resolver el asunto. Sólo intentaba amedrentarnos pero, como dicen mis padres, la experiencia es un grado.

  • Ok, ve a la policía y diles que nos has traído hasta aquí y que nos quieres cobrar, a ver cuánto tienes que pagarles, porque es ilegal.
  • Eh… sí… vamos, vamos a la policía – menos convencido ahora.
  • Ve tú. Yo no voy.

Y empezamos a andar de nuevo. Nos adelantaron con la furgoneta, nos maldijeron/amenazaron desde ella y se largaron. Fin del problema.

 

P.S.: CONSEJOS PARA AUTOESTOPISTAS/AUTOSTOPISTAS (la mayoría están también en la entrada sobre Tailandia)

  • Aquí no se estila lo de levantar el dedo y esperar en la cuneta. El gesto es levantar la mano y agitar la muñeca arriba y abajo, como llamando a un taxi. En Tailandia lo llaman boglot, en Laos podría ser la misma palabra dado que el idioma es casi el mismo, pero no llegué a saberlo.
  • Veréis a menudo el gesto de girar la muñeca a un lado y a otro con la palma de la mano abierta. Lo que en occidente se interpretaría como un “tal vez”, en Asia significa “no”. Os vendrá también bien ese gesto para hacérselo vosotros a los tuk-tuks grin
  • Es mejor si camináis y os dais la vuelta cada vez que venga un coche que si os quedáis parados esperando en la cuneta. Así podrán ver que os dirigís a algún sitio porque si no pueden pensar que simplemente estáis saludando sweat_smile
  • En Laos las normas de tráfico brillan por su ausencia, así que podréis poneros a hacer autostop en cualquier lado.
  • Aunque no recomiendo llevar mascarilla para que puedan ver tu cara de farang, conviene tenerla a mano, los cominos son polvorientos.
  • La mayoría de la gente no habla inglés pero puede comprender algo. En cualquier caso haceros entender por señas indicando hacia dónde vais y preguntado si van al mismo sitio y si podéis ir con ellos.
  • Nombrad 2 o 3 pueblos por los que paséis por si pueden acercaros a cualquiera de ellos.
  • Las camionetas o pickups son las más fáciles de coger pues podéis ir atrás sintiéndose ellos más seguros y sin necesidad de intentar hablar si no quieren.
  • No intentéis parar una minivan (furgonetas grises que llevan pasajeros), no lo harán, tienen su ruta prefijada.
  • Saludad siempre con respeto juntado las palmas de las manos como para rezar y agachando ligeramente la cabeza. «Hola» en laosiano se pronuncia «sa-bai-di».
  • Llevad con vosotros una carta de autoestopista [enlace en inglés] que os escriba algún amigo tailandés y aprended algunas frases útiles en el idioma. Ésta es la mía para Laos (explica quién soy y por qué estoy en la carretera intentando que los coches paren):

    No obstante una vez te acostumbras a hacerte entender por gestos y a comprender lo que los conductores quieren, no es tan necesaria. Y mucha gente en las zonas rurales no sabe leer.

  • Utilizad un GPS para orientaros cuando no tengáis muy claro dónde os llevan o dónde os han soltado o incluso para indicarles dónde vais (pero intentad no sacar mucho el móvil). El mejor gratuito sin necesidad de datos para Android es Sygic, pero no tiene mapa para Laos así que recomiendo Maps with Me, también disponible para iPhone.
  • Aunque Laos es seguro para viajar en general (yo diría que incluso para chicas solas, pero esto vosotras lo sabréis mejor que yo [info en inglés]), en todos sitios cuecen habas. No os fiéis de quien quiere que os montéis sin haber entendido aún a dónde vais o de quien os repase con la mirada con avidez. Recordad, no estáis obligados a montar por el hecho de que hayan parado. ¡Haced caso a vuestros instintos!
  • ¡IMPORTANTE! Aseguraros de que os entienden perfectamente el hecho de que no podéis pagar y vais sin dinero ANTES de subir. Podéis decir «Bo kip» (No Kips).
  • No os sorprenda que quieran hacerse fotos con vosotros o tener vuestro número de teléfono. Viajar a dedo es otra forma de conocer gente y de hacer amigos smile
  • Hacer dedo es una de las mejores formas de viajar por sitios que los turistas habituales no pisan. Disfrutad de las sonrisas y de la curiosidad de aquéllos que no están acostumbrados a ver farangs. Seréis el blanco de muchas fotos, risas y miradas divertidas; participad de ello y devolvedles una amplia sonrisa.
  • Aprended a ceder. A veces no tendréis más remedio que coger un bus.
  • Más consejos en HitchWiki.org donde también intentaré aportar mi granito de arena cuando pueda.


4 thoughts on “Haciendo autostop en Laos

  1. Noe says:

    ¡Carlos! jajajaja ¡qué gracia me ha hecho lo del hombre achantado ¡para no hacerlo con tu altura! A seguir disfrutando de la vida mochilera. Un beso primo.

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