Luang Prabang, ciudad de vacaciones

Saltando a las aguas turquesas de las cascadas Kuang Si en Luang Prabang

¿Recordáis ese anuncio de hace varios años que decía “Marina d’Or, ciudad de vacaciones“? Pues así es Luang Prabang, una ciudad de vacaciones para familias y jubilados. No me entendáis mal, me parece estupendo que las familias y jubilados tengan un sitio para irse de vacaciones pero, francamente, pese a ser Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO [en inglés], Luang Prabang me da pena. Laos es uno de los países menos desarrollados del mundo, sin embargo Luang Prabang (el centro) parece sacada de cualquier ciudad veraniega occidental. Una isla de opulencia que contrasta lamentablemente con la pobreza local. Sólo unos pocos laosianos se benefician de esto, el resto sigue malviviendo en los alrededores mientras los occidentales hacen proliferar negocios enfocados a otros occidentales manteniendo una comunidad completamente desintegrada de la realidad social y cultural del país.

Queda aún pendiente la entrada sobre turismo sostenible para hablar de todos estos temas.

No obstante, el tiempo que pasé allí fue agradable gracias a la compañía de Anya, Liam y Elena. Además coincidí de nuevo con Casey, Belén y Heini y Sanni.

El día que Anya, Liam, Elena y yo queríamos alquilar una moto para ir a ver las cascadas de los alrededores de Luang Prabang nos encontramos con que habíamos llegado tarde y no había más motos para alquilar en toda la ciudad hushed La pérdida de oportunidades no significa sino la aparición de otras. Nos cogimos una barca al otro lado del Mekhong y nos dimos un paseo por los pueblos sin turistas de los alrededores. Cuando estábamos volviendo, justo antes del anochecer, unos locales súper majos nos invitaron a tomar cerveza, lao lao (un whisky local hecho a base de arroz) y algo de pescado que habían conseguido en el contaminado lago a las orillas del cual vivían. Les dijimos que sólo podíamos estar 10 minutos porque teníamos que coger la barca de vuelta pero nos dieron a entender que no nos preocupáramos, que ellos nos llevaban al otro lado. Estuvimos cantando canciones y disfrutando la tarde con ellos y ellos con nosotros (entendiéndonos exclusivamente con lenguaje corporal, desde luego). Y aquí un par de pruebas que no he podido resistir compartir con vosotros laughing

La nota amarga vino cuando ya era de noche y quisimos volver. Liam quería darles algo de dinero por la cerveza (yo ya había aprendido previamente cómo eran los laosianos así que le aconsejé no hacerlo, puesto que era una invitación) y en cuanto sacó los billetes estas agradables personas cambiaron de inmediato. Ahora exigían a Liam más dinero y, aunque habían empezado a acompañarnos, se fueron quedando atrás, dejándonos solos y sin poder volver a la ciudad. Afortunadamente conseguimos volver gracias a otros locales que se prestaron a cruzarnos por el precio habitual para turistas (el doble que para los locales sweat ).

Por la parte turística, recomendables sin duda las cascadas de Kuang Si. Hay otras llamadas Tad Sae donde es necesario un pasaje en barca y al parecer a los locales les gusta más. Las cuevas de Pak Ou (con cientos de pequeñas esculturas de Buda en madera) decidí no ir a visitarlas y tampoco subí a Wat Chom Si, un templo en lo alto del monte Phou Si, en el centro de la ciudad, porque te cobran (estaba hasta las narices de pagar por todo) y porque está atestado de gente al atardecer, que es la estampa más bonita. En cuanto a la comida, sin duda lo mejor son los buffets a 15000 o incluso 10000 kips (unos 1-1,5 €) que se encuentran en los callejones que perpendiculares del mercado nocturno (bueno, en realidad no es buffet porque no rellenas el plato, pero puedes llenarlo una vez hasta donde quieras con todo lo vegetariano que veas). También hay montones de puestos de bocadillos pero, a diferencia de los de Vang Vieng, el pan que ponen en Luang Prabang está chicloso unamused



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *