Pai, pueblo de mochileros

Pai

Llegué a Pai desde Chiang Rai, haciendo autostop con Elena (una chica rusa que conocí en el hostal de Chiang Mai) a través de los magníficos paisajes de las montañas selváticas del norte de Tailandia, de sus campos de arroz y de sus sonrientes gentes curiosas por nuestra presencia.

Pai está en un valle situado entre estas montañas y se ha convertido en un sitio de obligado paso para mochileros. De hecho, el pueblo está repleto de ellos y siempre hay buena fiesta. Pero no fiesta a saco, sino fiesta relajada, ya sabéis: tomarse una cerveza alrededor de una hoguera, buena música e interesantes conversaciones smiley Así pues, el ambiente era bastante relajado y divertido.

Aunque allí conocí a muchos otros viajeros de todo el mundo, también bastantes españoles (incluyendo a Belén con la que ahora recorro parte de Laos), la mayor parte del tiempo la pasé con Isa, una fotógrafa ibicenca con la que había topado por casualidad en Chiang Mai.
Antes de que ella llegara a Pai yo había alquilado una moto para moverme por la zona (Recomiendo alquilarla en Aya, os cuesta 140 bahts/día con seguro de accidentes por si estropeáis la moto + 100 bahts de depósito por cada casco y admiten una fotocopia del pasaporte dejando un depósito de 1000 bahts).


Era la primera vez que cogía una moto y como no podía ser de otra forma nada más doblar la esquina me pegué un hostiazo. ¿¡Quién fue el genio que diseñó las motos con el freno en la misma mano que el acelerador!? El movimiento instintivo cuando uno quiere frenar la moto es precisamente tirar del manillar/puño hacia a ti, es decir, acelerar. La caída fue aparatosa, pero sin gravedad, tan solo una herida en el brazo (aunque me tuve que sacar alguna piedrecilla que se me había quedado dentro) y la camiseta y el pantalón un poco dañados.

Una señora que tenía un local enfrente y vio el accidente me limpió y desinfectó la herida. ¡Hala, arriba que el que no se levanta no aprende!
Aaron, un chico estadounidense con el que pasé todo el día, me enseñó lo básico para manejarme y poco a poco fui cogiendo confianza. De hecho ese mismo día ya vino Isa de paquete conmigo stuck_out_tongue_winking_eye

Durante esos días pude relajar bastante y visitar tranquilamente los alrededores de Pai: algunas cascadas, el Pueblo Chino (a día de hoy una turistada que no merece la pena pero en su día lo construyeron refugiados chinos), el Cañón de Pai (que en realidad no es un cañón formado por un río, sino por diversas erosiones a lo largo de los años), el puente Memorial de la Segunda Guerra Mundial (turistada) y las aguas termales (también pude ver elefantes, pero de esto ya hablé anteriormente).

Las termas más conocidas son las de Pong Nam Lon, que cuestan 200 bahts por persona (bueno, por farang), son fangosas y están llenas de gente. Pero antes de pagar semejante millonada (para lo que es el nivel de vida de allí), Isa y yo decidimos explorar los alrededores de Pai y… ¡premio! Dimos con unas de 20 bahts por persona + 20 bahts por moto. Estaban casi vacías (sólo algún local y una pareja de rusos rancios) y eran completamente cristalinas. Aún no tenían carretera, la estaban construyendo, así que supongo que cuando la terminen costarán tanto como las otras. Y sobre la ubicación… casi mejor que el que vaya por allí me pregunte, no vayamos a convertir en turistada lo poco local de la zona wink

 

P.S.: Tenía que hacerlo…

La cascada de Mhor Phaeng era más bien un tobogán que me recordaba a los tiempos en el río Manzanares con mis padres y mi hermano smile



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *