Sobre los laosianos

El nombre oficial de Laos como país es Lao PDR (Lao People’s Democratic Republic, República Democrática Popular de Lao) que los expats (expatriados) de aquí han reconvertido como Lao People Don’t Rush (traducido como Los laosianos no se apresuran). Y qué reconversión más adecuada. De hecho, la expresión que más se repite en Laos es bo-pen-ñan, traducido como No pasa nada.

Antes de continuar con el viaje quisiera compartir mis reflexiones sobre los laosianos, sobre la gente de este país que supuso un antes y un después en mi aventura.


Nada más entrar en Laos, con la guardia baja y la precaución nublada por el deseo de conocer nueva gente en un nuevo país estuve a punto de tener un problema serio. Pero no sería ésa la razón por la que no me terminó de gustar Laos.

He viajado un mes por todo el país, haciendo autostop, trabajando por alojamiento y comida, y conociendo mucha gente nueva, interesante y maravillosa, pero lo cierto es que el país me ha dejado un sabor agridulce. He conocido gente local increíble:

  • Aquéllos que celebraban una boda y al vernos pasar a Christoph y a mí con las bicis nos llamaron para que nos uniéramos a ellos. Nos inflaron a comida, a Beerlao (la cerveza laosiana por antonomasia) y a Lao Lao (un whisky transparente casero al que acostumbran a invitar).
  • Aquéllos chavales de Km52 que al verme pasar con la mochila un par de veces por la zona me invitaron a comer, a salir con ellos de fiesta por el Año Nuevo Hmong y a dormir en su casa.
  • Aquél chaval de la casa de huéspedes de Nong Khiaw que sin pedir nada a cambio empleó una hora en traducirnos a Belén (una chica española que conocí en Pai y con la que he viajado a menudo por estos lares) y a mí una carta en laosiano que explicara qué estábamos haciendo en mitad de la carretera parando coches.
  • Y muchos de los que me han cogido haciendo autostop o que simplemente han sido amables tratando de ayudar siempre.

Pero al mismo tiempo me he encontrado de frente con la falsedad, la vaguería institucionalizada, la corrupción, el abuso indiscriminado del turista, el dame-dinero-que-soy-pobre-y-tú-rico-pero-no-esperes-que-haga-nada, el si-no-te-gusta-me-cabreo, el vamos-a-ver-cómo-te-timo-sin-mover-un-dedo, el continuo menosprecio, la sonrisa de los-farangs-son-gilipollas y las siempre presentes caras de fastidio.

Y es que Laos, siendo un país que hace relativamente poco se ha abierto al turismo, está experimentando una transición nada productiva. En todos los países de la zona se impone la visión de que los farangs son ricos y deben por tanto pagar más por cualquier cosa. A nadie le importa cuántos años ni cuán duro has tenido que trabajar para pagarte unas vacaciones, cómo vives en tu país de origen o cuál es tu presupuesto; y ni mucho menos se les ocurre pensar que puedas no tener dinero. No somos más que billeteras con patas. Esta visión la provocamos los propios turistas sacando orgullosos nuestros fajos de billetes conseguidos con una tasa de cambio muy beneficiosa (aunque luego al volver al país de origen toque arrastrarse como un desgraciado para conseguir el dinero que tan alegremente gastamos después), pagando precios mucho más elevados que los estándares del país sin protestar ni regatear, dando propinas desproporcionadas, etcétera, etcétera.

Hablaré sobre el turismo sostenible en otro momento, que tiene chicha; ahora volvamos a Laos.

¿Cuál es entonces la diferencia entre Laos y el resto de países de la zona? Bueno, primeramente debemos dibujar una línea horizontal en el mapa del país a la altura de Vientián. Al sur de esa línea la gente es más similar a los tailandeses o a los camboyanos; al norte nos encontramos con la sensación estereotipada que describía anteriormente.

Las diferencias fundamentales son dos: la primera es que a los laosianos (siempre hablando de forma generalizada y estereotipada) no les importas una mierda, no tienen interés en ti, sólo quieren tu jodido dinero; y aquí está la segunda, no van a mover ni un dedo para ofrecerte algo de calidad que realmente merezca la pena, sino que van a exigir que les des el dinero que tanto te ha costado ganar en tu país (y que ellos creen que a ti te sale de las orejas) porque son pobres y tienen ese derecho aunque no hagan ni el huevo.

En otros países como Tailandia o especialmente Camboya van a intentar sacarte el dinero, desde luego, pero el sentimiento general es que no sólo tienen interés en tu dinero, como vendedores que son, sino que también les interesas tú como persona. Y cuando uno hace autoestop os aseguro que la diferencia es clara.

Por cierto, cuando hablo de exigir me refiero a que realmente se creen con el derecho de recibir dinero de ti sólo por considerarse pobres así mismos y si no se lo das, aunque no hagan nada para merecérselo, se cabrean. Y eso es lo que a uno le enerva, que no tengan el más mínimo interés por trabajar en nada, pero vengan a pedirte dinero por todo.

Y puedo poner muchos ejemplos de ello:

  • En Vang Vieng no hay absolutamente nada por lo que no haya que pagar: si cruzas un puente, pagas; si quieres subir a una colina, pagas; si quieres internarte en el bosque y disfrutar de la naturaleza, tranquilo que allí habrá un laosiano tirado que no hará otra cosa con su vida que esperar a que llegues para cobrarte por el simple hecho de ser tierra laosiana (que ni siquiera suya). Bueno, y si sólo fuera un laosiano. Lo que habrá allí será al menos 4 de ellos no haciendo otra cosa en todo el día y durante todo el año que esperar a que un jodido farang aparezca para darles dinero porque son pobres.
  • Mientras daba una vuelta yo solo por el recinto ferial del Año Nuevo Hmong en Km52 unos chavales se me acercaron y se pusieron a hablar conmigo para practicar su escaso inglés. Me dieron una lata de bebida que habían conseguido en alguno de los juegos, muy majos. Me dijeron que me iban a enseñar el recinto y me llevaron a los coches de choque. Me dijeron que si quería montar. No es que estuviera entusiasmado ni quería gastar mi dinero en eso, pero era una buena forma para pasar tiempo con los chavales. Claro, ¡será genial! Y sacando el poco dinero que tenía para pagar mi pase, observé estupefacto cómo los chavales se hacían los remolones y le decían al de la taquilla que cobrara todas las entradas con lo mío. Lo flipé. No perdí la sonrisa y no les dije nada, disfruté de los coches y me llevaron un poco por los alrededores, pero desde luego cada vez que me decían que si quería hacer algo o comprar algo, respondía que no.
  • Cuando estaba dando una vuelta por Km52 vi a unos vendedores tratando de descargar las cajas de fruta de una camioneta demasiado alta para ellos, pero para la que yo tenía buena altura. Les ayudé a bajar todas las cosas y cuando ya me estaba marchando la dueña entró al puesto y salió corriendo ofreciéndome un racimo de uvas. ¡Qué maja! – pensé. Le dije que no hacía falta y me disponía a continuar mi camino pero me volvió a insistir, así que fui a coger las uvas que por lo visto me había ganado con mi ayuda y la mujer se quedó pillada mirándome. Sacudió la cabeza, cortó 3 uvas y me las dio. ¡Quería vendérmelas! Os puede parecer una tontería pero cuando no haces más que ver cómo te quieren cobrar por absolutamente todo y tú les ayudas sin ningún problema de gratis y llegan y te vienen a intentar vender hasta a su madre por el simple hecho de que eres un farang, se te pone cara de idiota y se te hinchan los cojones porque aquí todo está a la venta.
  • Haciendo autostop entre Vang Vieng y Luang Prabang con Elena (una chica italiana que conocería en Vang Vieng), las dos furgonetas que cogimos, pese a que dejamos claro desde el principio que viajábamos sin dinero y si nos cogían tenía que ser gratis (si no, simplemente no nos subimos y ya está), nos pidieron dinero al bajar del vehículo. Y esto es algo general. Se la pela lo que hayas podido acordar previamente, sea lo que sea van a hacer como que todo lo que tú dices no es cierto e intentar sacarte pasta; y si no lo consiguen se cabrearán. Yo creo que lo que han desarrollado es una facultad innata para borrar selectivamente de su memoria lo que les viene en gana.
  • Volviendo en barca desde Muang Ngoy, un pueblecito famoso por sólo ser accesible en barco, fueron metiendo cada vez más y más personas. En lo que era una barca para unas 10 personas, metieron como 25 y salimos como 1 hora después de lo previsto, para hacer el mínimo de trayectos. Eso sí, el precio era el mismo para los turistas y se la pelaba que fuéramos como sardinas (no hablemos siquiera de seguridad). Los locales no pagaban nada y lo que más me reventaba es que esos mismos locales de la barca iban diciendo de mala manera a todo el mundo que pagara, no fuera que alguno se escapara, y exigiendo que nos apretáramos.
  • Estando en Luang Prabang con unos amigos que hice en Vang Vieng (Anya, Liam y Elena) cruzamos a la otra orilla del Mekhong para perdernos en el campo y pasear por las aldeas. Cuando estábamos volviendo, justo antes del anochecer, unos locales súper majos nos invitaron a tomar cerveza, lao lao y algo de pescado que habían conseguido en el contaminado lago a las orillas del cual vivían. Les dijimos que sólo podíamos estar 10 minutos porque teníamos que coger la barca de vuelta pero nos dieron a entender que no nos preocupáramos, que ellos nos llevaban al otro lado. Estuvimos cantando canciones y disfrutando la tarde con ellos y ellos con nosotros. Cuando ya era de noche y quisimos volver nos empezaron a acompañar. Liam quería darles algo de dinero por la cerveza (yo ya había aprendido previamente cómo eran los laosianos así que le aconsejé no hacerlo, puesto que era una invitación) y en cuanto sacó los billetes estas agradables personas cambiaron de inmediato. Ahora exigían a Liam más dinero y se fueron quedando atrás, dejándonos solos y sin poder volver a la ciudad. Afortunadamente conseguimos volver gracias a otros locales que se prestaron a cruzarnos por el precio habitual para turistas (el doble que para los locales sweat ).
  • En Vang Vieng, Liam y Anya habían contratado un autobús nocturno para ir a Luang Prabang. Sin embargo, les llevaron en una minivan arrinconados. ¿Creéis que se plantearon siquiera la posibilidad de devolver parte del dinero? Si no te gusta, te jodes, ya has pagado, aunque sea por algo completamente diferente.
  • Niños que te venían directamente y te decían “one dollar” (un dólar). Porque sí. Por la puta cara. Porque sus padres les enseñan a exigir (que ni siquiera pedir) de los turistas.
  • También en el sur me encontré con algunos de estos ejemplos, como cuando estaba haciendo en moto con Belén el circuito de Thakhek (un recorrido en moto de 3 días). En uno de los templos-cueva había 4 personas sentadas sin hacer nada más que cobrar la entrada a los pocos turistas que aparecían (bueno, una persona cobraba y otras tres miraban). La entrada incluía la visita a la cueva y la subida a un mirador. Si no se subía al mirador se podía no pagar esa parte. Nosotros no habíamos subido porque el paso estaba escondido y difícil de encontrar así que pedimos que nos devolvieran el dinero. Se pusieron todos como hienas diciendo vete tú a saber qué barbaridades en laosiano y mirándonos con una cara de desprecio que yo lo flipé. Al final unos chavales nos enseñaron el camino de subida, pero eso no quita para que podamos querer el dinero de vuelta si no subimos sin que se comporten como alimañas. No soy nada violento pero os juro que esa gente se merecía una hostia bien dada cada uno. Una cosa es ser pobre y otra cosa es ser gilipollas.
  • En Don Khong, una de las 4000 islas del Mekhong en el sur de Laos, tanto la dueña de una casa de huéspedes como el tontolaba de su hijo, que controlaba las barcas que iban y venían, exteriorizaron el desprecio que tienen a los turistas de los que tan alegremente exigen dinero. Cuando Belén y yo le dijimos a la mujer que vale, que íbamos a mirar otros sitios por la zona antes de decidir dónde nos quedábamos, puso cara de perro y nos dio la espalda. Eso no es regatear, eso es ser una maleducada. Así que para chulo, chulo mi pirulo; ni nos planteamos volver y cuando nos dijo un precio algo más bajo la mandamos a freír espárragos. El hijo (que estaba aparte en su negocio) cuando fuimos a preguntar por el precio de la barca y le dijimos que de todas formas íbamos a mirar por los alrededores nos dijo que si no se lo cogíamos en ese momento luego nos lo cobraría al doble cuando volviéramos porque él controlaba todas las barcas. Finalmente le cogimos el pase al chico de la casa de huéspedes donde estábamos, al mismo precio pero mucho más majo, y aunque el tontolaba intentó no dejarnos subir no pudo evitarlo.
  • Y bueno… sobre las fronteras casi mejor que hablo en otra entrada porque tiene para dar de comer aparte.

 

Todo esto son ejemplos de la forma de ser laosiana que a mí tanto me ha frustrado. ¿Ocurre esto en otros países? Pues sí, he de decir que muchas de estas cosas también pasan en Camboya o incluso en Tailandia, pero en Laos la percepción del desprecio que te tienen frente al amor a tu dinero y la vaguería redomada es algo que a mí me sobrepasa.

En la época colonial, los Franceses, que controlaban Indochina, acuñaron una frase sobre sus colonias: los vietnamitas hacen crecer el arroz, los camboyanos miran como crece y los laosianos lo escuchan crecer. Bajo mi punto de vista, sin haber estado aún en Vietnam, este dicho refleja fielmente las tres sociedades.

 


Ciertamente Laos me llevó al límite de mi paciencia con la subnormalidad humana, pero a cambio me acerqué más a los mochileros que recorren esta región del mundo, aprendí mucho de algunos de ellos e hice muy buenos amigos. Laos supuso un cambio en mi forma de viajar y de disfrutar de los diferentes momentos de la vida. Lo mismo pasaría en Camboya un mes después, aunque de forma mucho más significativa. Pero para esto, tendréis que tener algo más de paciencia sweat_smile



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