¿Qué ver en Camboya?

Niño montando búfalo de agua en Koh Rong

Más allá del Retrato de Camboya que estoy escribiendo prometí hacer una entrada para todos aquellos que quieren venir de turisteo a Camboya. Se ha hecho esperar, pero por fin está listo y no ha sido sencillo: más de dos semanas de trabajo a tiempo completo me ha costado; así que espero que merezca la pena. Si hay algo que podéis tener claro de mis opiniones sobre sitios turísticos es que no os voy a decir que algo es precioso cuando me parezca una puta mierda. Me revientan esas webs que tienden a decirte lo impresionante y maravilloso que es una turistada simplemente porque todo el mundo lo dice. Cuando alguien habla exageradamente de lo increíble que es algo tendemos a asentir como idiotas y confirmar lo dicho. Así, aunque nos parezca que no es para tanto, ensalzaremos dichas virtudes hasta el punto de convencernos a nosotros mismos de que efectivamente aquello que en su momento nos pareció una tontada es en realidad una maravilla que debemos recomendar a todo el mundo.

Y siguiendo esta línea de reflexiones repito lo que ya dije una vez acerca del turismo: no vivimos nuestras propias experiencias, sino la copia comercializada de la experiencia de otras personas.

 

Aviso a navegantes: No, no es una entrada corta, es una guía turística sobre Camboya matizada y adornada con mis Navarradas, es decir, con mis propias impresiones y experiencias. El objetivo no es sólo que la leáis para saber lo que he estado haciendo por aquí (tal vez en diferentes días), sino que además la mantengáis como referencia y compartáis con contactos y en redes sociales. Así que con vuestro permiso voy a explayarme con ganas grin

Para facilitar su lectura os dejo un resumen/índice interactivo. Continue reading

Retrato de Camboya: Introducción

Portrait of Cambodia

Y llega por fin el momento de escribir sobre Camboya. Mi Camboya. Y es que este país no me ha dejado indiferente. No es para menos, llevo más de 6 meses aquí, aunque mi espíritu viajero me está pegando ya patadas en la rabadilla.

Hasta ahora había ido describiendo mi viaje hablando de cada ciudad o pueblo por el que pasaba intentando con esto no crear entradas demasiado largas, pero este formato no es ya posible a partir de Camboya. No obstante, creo que a algunos os gustará el nuevo formato puesto que podréis haceros una idea más clara de cómo es el país y mi día a día cuando viajo. O eso espero. Al menos hasta que sea capaz de ponerme al día (sí, llevo 10 meses intentándolo stuck_out_tongue_closed_eyes stuck_out_tongue_closed_eyes stuck_out_tongue_closed_eyes ).

Pues bien, lo que he decidido es crear una serie de entradas con las que haré un Retrato de Camboya.

Mi visión de Camboya no es la visión que pueda tener un viajero ocasional y ni mucho menos la de un turista. A pesar de todo, la próxima entrada no será parte del Retrato sino que será para aquéllos que tan sólo tienen tiempo para unas cortas vacaciones y lo único que quieren saber es qué cojones hay para ver en Camboya; con todo mi cariño stuck_out_tongue_winking_eye

Tampoco voy a contaros lo que os contaría un expatriado: todo lo occidental que es posible hacer aquí con un matiz camboyano y “poco” dinero. Con todos mis respectos por los expats, pero la mayoría de ellos tienen sólo una visión superficial de cómo es Camboya. Viven sus vidas montados en una tasa de cambio muy ventajosa y/o en salarios mucho más altos que los de cualquier camboyano (excepto aquellos que se inflan a sobornos: políticos, jueces, fiscales, abogados, policías, médicos; y suma y sigue). Y en su mayoría ni se molestan en aprender el idioma, tan solo cuatro palabras que oyen repetidas. Espero equivocarme y recibir aquí decenas de comentarios de expats cabreadísimos conmigo grin

 

Lo que voy a retrataros en esta serie es la Camboya real, la que viven, sufren y disfrutan día a día sus habitantes. Os preguntaréis que qué derecho tengo yo a decir que ésta es la Camboya real, que a pesar de mis palabras un expat lleva aquí mucho más tiempo y sabe mucho más del país. Bueno, exiten infinidad de realidades; mi realidad es la realidad del que no tiene nada, tal vez subjetivada por mi propia existencia. En esta serie no voy a hablaros de lugares (al menos no es el objetivo principal), voy a hablaros de personas, de sentimientos, de almas. Quiero que veáis Camboya como la veo yo. Quiero que veáis Camboya desde los ojos de aquéllos que no tienen más remedio que sobrevivir aquí y desde los ojos de aquéllos que tratan de sacar el país adelante con sus pequeños actos. Voy a hablaros de lo que leo en los ojos de la gente, en su rostro, en sus manos, en su piel, en sus arrugas. Porque si algo he aprendido en Camboya es a leer, a comprender, a compadecer, a no juzgar y a amar lo que nos sería fácil rechazar y alejar de nosotros. Mucho me queda aún por trabajar en este aspecto de mí mismo, pero no hay duda de que Camboya me ha marcado y voy a intentar que seáis capaces de comprender esa marca.

Y si soy capaz de transmitiros todo esto es porque en Camboya he conseguido aquello por lo que me frustraba en Laos. He conseguido integrarme plenamente en el país, vivir y sentir como ellos. Gran parte de este mérito corresponde a Sothy, una joven camboyana dueña de una pequeña granja en la que se produce la famosa Pimienta de Kampot (una de las mejores del mundo y de la cual también os hablaré en una entrada aparte de la serie). Fue en su granja donde estuve felizmente trabajando por alojamiento y comida durante 4 meses. Ella me ha enseñado mucho sobre la sociedad camboyana, sobre la vida aquí y sobre los seres humanos en general. La otra parte se la debo a mi forma de viajar, más pobre que las ratas, que me permite compartir mesa con la más cruda realidad del país.

Mucha gente me pregunta qué he visto en Camboya para quedarme tanto tiempo. Bueno, la verdad es que al principio me quedé aquí porque no tenía dinero. Llegué al Sudeste Asiático hace más de 8 meses con poco más de 1000€. Gracias a un consumo moderado y al autostop pude gastar sólo 400€ al mes en Tailandia y Laos. Sin embargo, llegaba a Camboya con la cuenta del banco tiritando así que, habida cuenta de que extender visados aquí es muy sencillo [en inglés], decidí buscar un lugar donde quedarme por tiempo indefinido sin hacer gastos hasta que encontrara la manera de ganar dinero online mientras viajaba. Y así es como, junto con Belén, aterricé en Sothy’s Pepper Farm de la cual había sabido gracias a Hans y Håkon, un par de chavales noruegos que conocí en un Ban Hoy Bo, un pueblecito vecino de Ban Na, en el norte de Laos. Lo cierto es que no he conseguido aún hacer dinero, pero he conseguido algo mucho más importante/interesante: no gastar. O, al menos, gastar poquísimo (aunque tal vez no son conscientes, Mélanie y Tristan, una pareja francesa que conocí en la casa de Cade, mi anfitrión y amigo de CouchSurfing en Phnom Penh, fueron una pieza clave para esto, así que gracias blush ). Contrariamente a lo que podríais pensar, no hago mucho caso de las cuentas, simplemente tengo una idea general de lo que puedo gastar, pero en los últimos 6 meses en Camboya he gastado menos de la mitad de lo que gastaba anteriormente en 1 mes en Tailandia o Laos: de media vivo con 1€ al día. Y no, no me he privado de viajar smile

Escribiré sobre cómo sobrevivir sin pasta más adelante. Ahora es el momento de hablaros sobre mi querida Camboya.

El circuito de Pakse, donde crece el café

Granos de café y sus flores al fondo

Aunque salimos de Thakhek haciendo autostop, el final del viaje lo hicimos en autobús dado que se nos había hecho de noche y preferíamos llegar a Pakse ese día. Allí haríamos un circuito similar al de Thakhek pero de 2 días y, en mi opinión, bastante más interesante. El circuito de Pakse recorría el Bolaven Plateau, una meseta formada hace millones de años tras la erupción de un volcán. Esta región es famosa por sus cascadas y por su magnífico café (principalmente Arabica y Robusta, plantado durante la colonización francesa) que es exportado mundialmente y supone una importante fuente de ingresos para las familias Laosianas. En la época en la que nosotros fuimos (mediados de enero) las plantas de café estaban en flor y al paso de la moto podíamos oler su delicioso aroma que en un primer instante me recordó al dulce jazmín. Junto a los buenos ratos pasados con mis amigos en Vang Vieng y Luang Prabang, ésta sería sin duda la mejor parte de mi viaje por Laos.

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Hacia el sur de Laos, Phonsavan

Llanura de las Jarras, Sitio 1

Tras unos días de descanso en Ban Na me volví a Nong Khiew donde me reuniría de nuevo con Belén, la chica cántabra que conocí en Pai y con la que coincidiría nuevamente en Luang Prabang. Nos mantuvimos en contacto e iniciamos viaje juntos hacia el sur de Laos. Teníamos pensado hacerlo en autostop, pero en esos días empezó a llover y a hacer fresquete y no íbamos muy preparados, así que finalmente nos decidimos por el autobús. Nos habría gustado ir allí por las carreteras del Este, pero los buses de ese lado eran súper caros así que nos salía más barato y rápido hacer un desvío por Luang Prabang. Empalmamos con un bus nocturno con dirección a Vietnam (donde coincidiríamos de nuevo con las finlandesas) y que nos dejaría en Phonsavan a las 2 de la mañana. Nos tocó buscar una casa de huéspedes en una ciudad desierta debido al toque de queda en Laos.

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Sobre los laosianos

El nombre oficial de Laos como país es Lao PDR (Lao People’s Democratic Republic, República Democrática Popular de Lao) que los expats (expatriados) de aquí han reconvertido como Lao People Don’t Rush (traducido como Los laosianos no se apresuran). Y qué reconversión más adecuada. De hecho, la expresión que más se repite en Laos es bo-pen-ñan, traducido como No pasa nada.

Antes de continuar con el viaje quisiera compartir mis reflexiones sobre los laosianos, sobre la gente de este país que supuso un antes y un después en mi aventura.

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KM 52, pueblo Hmong

En la carretera entre Vientián y Vang-Vieng/Luang Prabang, a 52 km de Vientián se encuentra un pueblo llamado precisamente así, Km 52 (pronunciado en Lao, la lengua oficial de Laos, como Lak Jaa-sip-song). Así de original es la peña aquí, y no es el único pueblo con este tipo de nombres. Laos está plagado de ellos.

Desde que salí de Vientián fijé en Ban Km 52 (Ban significa pueblo en Lao) mi próximo destino. Primero, porque era un pueblo en mitad de la nada; y segundo, porque había visto en CouchSurfing muchos chavales de ese pueblo que ofrecían alojamiento. Pero cuando llegué me encontré con que había una especie de festival y todas las casas de huéspedes estaban petadas o carísimas (por eso probablemente no conseguí CouchSurfers tampoco).

En éstas andaba yo buscando una casa de huéspedes donde alojarme sin que me quitaran un riñón cuando pasé por segunda vez cargado con mi mochila por una casa en la que estaban comiendo como 40 personas de la misma familia y uno de los chavales me hizo gestos para que me acercara. Me invitaron a comer, a salir con ellos de fiesta y a dormir en su casa grin Y así fue como pasé la Nochebuena y la Navidad de 2014 santa

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