Retrato de Camboya: Introducción

Portrait of Cambodia

Y llega por fin el momento de escribir sobre Camboya. Mi Camboya. Y es que este país no me ha dejado indiferente. No es para menos, llevo más de 6 meses aquí, aunque mi espíritu viajero me está pegando ya patadas en la rabadilla.

Hasta ahora había ido describiendo mi viaje hablando de cada ciudad o pueblo por el que pasaba intentando con esto no crear entradas demasiado largas, pero este formato no es ya posible a partir de Camboya. No obstante, creo que a algunos os gustará el nuevo formato puesto que podréis haceros una idea más clara de cómo es el país y mi día a día cuando viajo. O eso espero. Al menos hasta que sea capaz de ponerme al día (sí, llevo 10 meses intentándolo stuck_out_tongue_closed_eyes stuck_out_tongue_closed_eyes stuck_out_tongue_closed_eyes ).

Pues bien, lo que he decidido es crear una serie de entradas con las que haré un Retrato de Camboya.

Mi visión de Camboya no es la visión que pueda tener un viajero ocasional y ni mucho menos la de un turista. A pesar de todo, la próxima entrada no será parte del Retrato sino que será para aquéllos que tan sólo tienen tiempo para unas cortas vacaciones y lo único que quieren saber es qué cojones hay para ver en Camboya; con todo mi cariño stuck_out_tongue_winking_eye

Tampoco voy a contaros lo que os contaría un expatriado: todo lo occidental que es posible hacer aquí con un matiz camboyano y “poco” dinero. Con todos mis respectos por los expats, pero la mayoría de ellos tienen sólo una visión superficial de cómo es Camboya. Viven sus vidas montados en una tasa de cambio muy ventajosa y/o en salarios mucho más altos que los de cualquier camboyano (excepto aquellos que se inflan a sobornos: políticos, jueces, fiscales, abogados, policías, médicos; y suma y sigue). Y en su mayoría ni se molestan en aprender el idioma, tan solo cuatro palabras que oyen repetidas. Espero equivocarme y recibir aquí decenas de comentarios de expats cabreadísimos conmigo grin

 

Lo que voy a retrataros en esta serie es la Camboya real, la que viven, sufren y disfrutan día a día sus habitantes. Os preguntaréis que qué derecho tengo yo a decir que ésta es la Camboya real, que a pesar de mis palabras un expat lleva aquí mucho más tiempo y sabe mucho más del país. Bueno, exiten infinidad de realidades; mi realidad es la realidad del que no tiene nada, tal vez subjetivada por mi propia existencia. En esta serie no voy a hablaros de lugares (al menos no es el objetivo principal), voy a hablaros de personas, de sentimientos, de almas. Quiero que veáis Camboya como la veo yo. Quiero que veáis Camboya desde los ojos de aquéllos que no tienen más remedio que sobrevivir aquí y desde los ojos de aquéllos que tratan de sacar el país adelante con sus pequeños actos. Voy a hablaros de lo que leo en los ojos de la gente, en su rostro, en sus manos, en su piel, en sus arrugas. Porque si algo he aprendido en Camboya es a leer, a comprender, a compadecer, a no juzgar y a amar lo que nos sería fácil rechazar y alejar de nosotros. Mucho me queda aún por trabajar en este aspecto de mí mismo, pero no hay duda de que Camboya me ha marcado y voy a intentar que seáis capaces de comprender esa marca.

Y si soy capaz de transmitiros todo esto es porque en Camboya he conseguido aquello por lo que me frustraba en Laos. He conseguido integrarme plenamente en el país, vivir y sentir como ellos. Gran parte de este mérito corresponde a Sothy, una joven camboyana dueña de una pequeña granja en la que se produce la famosa Pimienta de Kampot (una de las mejores del mundo y de la cual también os hablaré en una entrada aparte de la serie). Fue en su granja donde estuve felizmente trabajando por alojamiento y comida durante 4 meses. Ella me ha enseñado mucho sobre la sociedad camboyana, sobre la vida aquí y sobre los seres humanos en general. La otra parte se la debo a mi forma de viajar, más pobre que las ratas, que me permite compartir mesa con la más cruda realidad del país.

Mucha gente me pregunta qué he visto en Camboya para quedarme tanto tiempo. Bueno, la verdad es que al principio me quedé aquí porque no tenía dinero. Llegué al Sudeste Asiático hace más de 8 meses con poco más de 1000€. Gracias a un consumo moderado y al autostop pude gastar sólo 400€ al mes en Tailandia y Laos. Sin embargo, llegaba a Camboya con la cuenta del banco tiritando así que, habida cuenta de que extender visados aquí es muy sencillo [en inglés], decidí buscar un lugar donde quedarme por tiempo indefinido sin hacer gastos hasta que encontrara la manera de ganar dinero online mientras viajaba. Y así es como, junto con Belén, aterricé en Sothy’s Pepper Farm de la cual había sabido gracias a Hans y Håkon, un par de chavales noruegos que conocí en un Ban Hoy Bo, un pueblecito vecino de Ban Na, en el norte de Laos. Lo cierto es que no he conseguido aún hacer dinero, pero he conseguido algo mucho más importante/interesante: no gastar. O, al menos, gastar poquísimo (aunque tal vez no son conscientes, Mélanie y Tristan, una pareja francesa que conocí en la casa de Cade, mi anfitrión y amigo de CouchSurfing en Phnom Penh, fueron una pieza clave para esto, así que gracias blush ). Contrariamente a lo que podríais pensar, no hago mucho caso de las cuentas, simplemente tengo una idea general de lo que puedo gastar, pero en los últimos 6 meses en Camboya he gastado menos de la mitad de lo que gastaba anteriormente en 1 mes en Tailandia o Laos: de media vivo con 1€ al día. Y no, no me he privado de viajar smile

Escribiré sobre cómo sobrevivir sin pasta más adelante. Ahora es el momento de hablaros sobre mi querida Camboya.

Tras la tempestad, viene la calma

Eran las 6 de la mañana del día en que había decidido irme de Luang Prabang y aún estaba dudando qué hacer. Anya y Liam se habían ido el día anterior de camino a sus respectivos países. La pobre Elena se había puesto mala, pero yo estaba deseando irme de allí y Casey y las finlandesas habían llegado el día anterior y le hacían compañía. Tenía dos opciones: tirar hacia el sur y salir de una vez por todas de Laos o tirar hacia el norte para explorar zonas menos turísticas, los pueblos del norte de Laos. ¿Qué clase de viajero sería si en vez de explorar el mundo saliera huyendo de los países que no me gustan? Como descubriría más adelante en Camboya, el problema no es el país o la gente, el problema es que siempre hacemos lo que los demás ya han hecho porque tenemos miedo a perdernos de verdad o a que nos pase algo. Así que al final no vivimos nuestras propias experiencias, sino la copia comercializada de la experiencia de otras personas.

6:30AM, mochila a la espalda, algo para desayunar por el camino y una caminata de 2 horas fuera de la ciudad para hacer autostop. Dirección: Norte. Continue reading

KM 52, pueblo Hmong

En la carretera entre Vientián y Vang-Vieng/Luang Prabang, a 52 km de Vientián se encuentra un pueblo llamado precisamente así, Km 52 (pronunciado en Lao, la lengua oficial de Laos, como Lak Jaa-sip-song). Así de original es la peña aquí, y no es el único pueblo con este tipo de nombres. Laos está plagado de ellos.

Desde que salí de Vientián fijé en Ban Km 52 (Ban significa pueblo en Lao) mi próximo destino. Primero, porque era un pueblo en mitad de la nada; y segundo, porque había visto en CouchSurfing muchos chavales de ese pueblo que ofrecían alojamiento. Pero cuando llegué me encontré con que había una especie de festival y todas las casas de huéspedes estaban petadas o carísimas (por eso probablemente no conseguí CouchSurfers tampoco).

En éstas andaba yo buscando una casa de huéspedes donde alojarme sin que me quitaran un riñón cuando pasé por segunda vez cargado con mi mochila por una casa en la que estaban comiendo como 40 personas de la misma familia y uno de los chavales me hizo gestos para que me acercara. Me invitaron a comer, a salir con ellos de fiesta y a dormir en su casa grin Y así fue como pasé la Nochebuena y la Navidad de 2014 santa

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Sobreviviendo con 1€ al día

Comida barata

Y es que así me encontraba en mi último día en Tailandia, con 50 bahts (1,25€).
Había gastado mis últimos 500 bahts en Chiang Khan (una población a la orilla del Mekhong que es lugar de vacaciones para los tailandeses con lo que no había nada por menos de 300 bahts para dormir) y en cenar con Tamara, la CouchSurfer alemana que me estaba hospedando en Nong Khai.
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Dejarse llevar

A veces las cosas no salen como uno quiere, pero no significa eso que no puedan salir bien. La actitud es importante y hay que saber dejarse llevar, frecuentemente lo dice el refranero popular: al mal tiempo buena cara, pues cuando una puerta se cierra otra se abre.

El impulso viajero me había sacado de la comodidad occidentalizada de Pai y me dirigía hacia Isaan, la región nordeste de Tailandia, la más rural y menos turística. Pero justo cuando estaba haciendo autostop me empecé a encontrar mal del estómago. Había en Pai algún tipo de virus rondando y todo el mundo se pasaba un día entero vomitando y con diarrea. Mierda (nunca mejor dicho). Creo que no sería muy decente ponerme a vomitar y a cagar desde una camioneta stuck_out_tongue_closed_eyes stuck_out_tongue_closed_eyes Pero aguanté bien y tras un par de vomitonas, nada de comer en todo el día y dormir mucho al día siguiente estaba como una rosa muscle

Tras un par de días de autostop en dirección a Loei, en un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme, el cartero del lugar se empeñó en que allí nadie me pararía y con toda su buena fe me arrastró a la comisaría y convenció a los policías de que me tenían que llevar al pueblo anterior (más grande) para coger un autobús. Y así fue como hice autostop en un coche de policía y me vi obligado a comprar un billete a Phuruea (o Phurua o Phu Ruea, lo veréis escrito de diversas formas).

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Sukhothai y Kamphaeng Phet

Wat Phra Kaeo en Kamphaeng Phet

Y haciendo autostop llegué hace 2 semanas a Sukhothai, capital del reino del mismo nombre que existió entre los siglos XIII y XV antes de ser absorbido por el de Ayutthaya. En esta población se encuentra el Historical Park de Sukhothai, un recinto donde se encuentran las ruinas de dicho reino (Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, como el de Ayutthaya). Está dividido en varias zonas y cada una cuesta 100 bahts (unos 2,5€) para farangs (observaréis que en Tailandia todo tiene oficialmente un precio local, muchas veces gratuito, y un precio farang, unas 5-10 veces mayor que el local). Se puede alquilar una bicicleta (mucho más cómodo para recorrer el recinto) por 30 bahts en los establecimientos de alrededor (+10 bahts por entrar con bici al recinto). 1 o 2 horas son más que suficientes para recorrer la zona central con la bici. El resto de zonas son similares, con lo que yo creo que no merecen la pena (ni siquiera me acerqué a verlas).

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