Tras la tempestad, viene la calma

Eran las 6 de la mañana del día en que había decidido irme de Luang Prabang y aún estaba dudando qué hacer. Anya y Liam se habían ido el día anterior de camino a sus respectivos países. La pobre Elena se había puesto mala, pero yo estaba deseando irme de allí y Casey y las finlandesas habían llegado el día anterior y le hacían compañía. Tenía dos opciones: tirar hacia el sur y salir de una vez por todas de Laos o tirar hacia el norte para explorar zonas menos turísticas, los pueblos del norte de Laos. ¿Qué clase de viajero sería si en vez de explorar el mundo saliera huyendo de los países que no me gustan? Como descubriría más adelante en Camboya, el problema no es el país o la gente, el problema es que siempre hacemos lo que los demás ya han hecho porque tenemos miedo a perdernos de verdad o a que nos pase algo. Así que al final no vivimos nuestras propias experiencias, sino la copia comercializada de la experiencia de otras personas.

6:30AM, mochila a la espalda, algo para desayunar por el camino y una caminata de 2 horas fuera de la ciudad para hacer autostop. Dirección: Norte.


Y la decisión no pudo ser más acertada. La carreteras del norte de Laos son realmente malas, lentas y montañosas, como ya había comprobado en mi periplo hasta Vang Vieng y Luang Prabang. Me llevó todo el día llegar a Nong Khiaw, un pueblo a 150km de Luang Prabang (no creáis a Google, no se tardan 2 horas sob ) donde se puede coger la barca para ir a Muang Ngoy (pronunciado Muang Noi), un pueblecito entre montañas al que debe accederse por el río. Llegué a tiempo para coger la última barca en la que viajé con unos pocos locales y una mujer coreana (Kim) que viajaba sola con su hijo. Era ya de noche cuando atracamos en Muang Ngoy. Aunque el entorno era precioso, el pueblo en sí fue decepcionante. La mano del turismo masivo había llegado hasta allí y todo estaba enfocado a los turistas. El alojamiento era carísimo para los estándares laosianos (claro, que estaban occidentalizados a saco) y finalmente compartí habitación con Kim y su hijo por 70000 kips para los dos (unos 8€).

Al día siguiente dejé el pueblo y me trasladé a otro mucho más pequeño a 2 horas a pie, Ban Na (no sin antes pagar 10000 kips por pasar por un puente que no necesitaba, pero resulta que la gente del lugar supuestamente quería construir otro para pasar mercancías y claro, es lógico que tú se lo pagues dado que eres rico y no necesitas el dinero que has ganado currando como un desgraciado). Con este traslado pretendía también librarme de Kim. Era muy maja, pero muy pesada. Y, francamente, no me gustaba su forma de tratar a la gente, exigiendo más que pidiendo.

Y allí, en uno de los aislados pueblos del norte de Laos, desconectado del mundo durante 2 días, en una cama enorme que me costaba 10000 kips al día (alrededor de 1€), sin Internet, con electricidad sólo de 6pm a 10pm (sin corriente suficiente para cargar el portátil), pude relajarme y disfrutar del momento y de la nada más absoluta en la casa de Mama Kham.



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